domingo, 2 de marzo de 2008

Sueñobscuro 1 Guardián Subterráneo Cap 2

CUENTOS DE SUEÑOBSCURO (VOL 1): GUARDIÁN SUBTERRÁNEO

Capítulo II: EL ELÍXIR MARAVILLOSO



Copyright © 2002 de Cristian Berríos Navarro. Propiedad Intelectual N° 127.518. Prohibida su reproducción total o parcial sin consentimiento del autor. Made in Chile.


Una mañana Gabriel despertó asténico y dolorido. Rascándose sus barbas amarillentas, recordó que no era extraño que tuviera ese malestar porque al fin y al cabo estaba muriendo. Después de sentarse en el borde de la cama, hizo un trabajoso intento por ponerse de pie, pero se le doblaron las piernas y finalmente decidió tenderse de nuevo.

- Por favor, quédate acostado- Le pidió Alicia mirándole alarmada.

Luego se arrodilló en el lecho, y agregó:

- Anoche soñé algo horrible. Tú te encontrabas en un sitio penumbroso y húmedo, en el que
abundaban las ratas por todas partes. Pensé que no debía ser una buena señal, y ahora me doy cuenta de que tuve razón. Descansa, y deja que me ocupe de la tienda. Si sigues enfermo, prométeme que esta tarde visitarás al curandero.

- ¿Para que me diga que mi salud es tan fuerte como un roble?- Exclamó el mercader con
una sonrisa-. De seguro me va a venir una gripe. Si quieres adelántate y abre la tienda. Cuando me sienta mejor, iré a reemplazarte.

Un tanto más tranquila, Alicia se acercó a él y le besó en la frente. En media hora Gabriel se halló solo en la habitación. Poco a poco el vértigo que jugaba con su cabeza se cansó de atormentarle, y las difusas imágenes del cuarto cesaron sus correrías. Aunque le molestaba que su esposa fuera a trabajar por los dos, descubrió que cada día perdía más interés en el negocio. Entonces le pareció acertado que Alicia le supliera en el mercado, ya que así él no ahuyentaría a la clientela con una actitud displicente.

Gabriel no acostumbraba reposar en el lecho. En vano trató de distraerse interpretando el sueño de Alicia, sin que llegara a otra conclusión que la expuesta por ella. En seguida quiso reconstruir uno de sus sueños, pero todas sus tentativas fueron inútiles.

Como en apenas un rato se había reestablecido, la inactividad comenzaba a exasperarle. Entonces murmuró que sus huesos no sabían apreciar la comodidad, y después pensó que esa agitación era un rasgo común entre los miembros de su familia, pues no pudo evocar un día que sus padres destinaran al descanso. Sin embargo el hábito del esfuerzo incesante, y en algunos casos prematuro, se remontaba a una rama más alta del árbol genealógico. Una aire del pasado trajo la voz de su abuelo materno, a quien en una ocasión escuchó decir: "Si la muerte quiere alcanzarme, deberá seguir mis pasos, pues a un hombre de trabajo no le sorprenderá atado a una cama." Dispuesto a adueñarse de estas palabras, Gabriel se levantó, y al comprobar que sus piernas le respondían resolvió dar un paseo.

Como a esa hora circulaba poca gente en el mercado, y por consecuencia Alicia no necesitaría ayuda si no hasta más tarde, se dirigió a la plaza principal de su pueblo. En el camino, el mercader se detuvo a comprar una hogaza de pan y queso, porque ya había pasado la hora en que tomaba desayuno y el estómago le gruñía.

Sorprendido con la gran cantidad de personas que había reunidas en la plaza, Gabriel se acercó al grupo más numeroso y vio a muchos niños, y también a algunos adultos. Rodeaban a un hombre de edad muy avanzada que vestía una larga túnica blanca. En seguida le preguntó al hombre que se hallaba a su lado:

- ¿Quién es ese anciano?...

- ...¿No lo sabe?...- Exclamó éste muy extrañado- Es El Viejo Narrador de Historias.

Gabriel había oído hablar de él un par de veces mientras atendía su tienda; pero en ambas ocasiones estaba sumamente ocupado, y el trabajo acabó absorbiéndole. El Narrador de Historias recorría los pueblos con sus cuentos y leyendas de tiempos olvidados, deleitando a los niños y a aquellos que volvían a serlo por un instante. Aunque había quienes le dejaban monedas a sus pies, jamás le exigía nada a nadie; por esta razón sus historias siempre congregaban un público numeroso.

Cuando el anciano, que había permanecido en silencio durante largo rato, carraspeó ligeramente, se produjo un murmullo general en la plaza, y muchos de los ahí reunidos empezaron a sentarse en el suelo; otros, como Gabriel, buscaban sitio en las bancas cercanas al circulo que había entorno a él. Satisfecho con la atención de la concurrencia, El Viejo Narrador de Historias dijo lo siguiente:


El arte de un buen relato
Es poco cultivado en estos días,
Pues mientras a los sabios les cierran las puertas,
Solo a bandidos, lisonjeros y asnos se les cede la palabra.


- ¿Y cuál de ellos eres tú?- Preguntó un sujeto visiblemente ebrio.

- Espero que ninguno- Contestó el anciano, y luego añadió-:


Soy un vencedor de la muerte
Y un esclavo de la vida,
Cuya pequeña fortuna radica en conocer lo que muchos ignoran.
Podrán vislumbrar el fuego de los demonios
Y oír vagamente el meloso cantar de las sirenas,
Pero si desean ser uno con mis historias...
Avísenle al dueño del circo
Que su simio asaltó una licorería.


Bajo un diluvio de burlas y risotadas, el ebrio se sentó en el suelo sin comprender lo que acontecía. Muy pronto la gente le olvidó por completo, porque el anciano iniciaba su narración; y esta vez nadie se atrevió a interrumpirle.

Así como un buen cocinero está pendiente del tiempo y la sazón, Gabriel se había empapado durante años con cada detalle de su oficio; hasta el punto de sentirse culpable y ocioso cuando no tenía que hacer. Sin embargo esa mañana en la plaza principal de su pueblo, el mercader descubrió que aún había cosas que conseguían cautivarle. Escuchando las historias del anciano, Gabriel se transportó a tierras lejanas donde habitaban seres extraños y poderosos. No solo aprendió de la cultura etílica de gnomos y elfos, si no además supo de los hábitos alimenticios de los ogros; y se emocionó con el dolor de aquél mago que, destrozado por la muerte de su amada, condenó a su asesino a las profundidades de una enorme caverna, y dijo estas sencillas palabras frente a la tumba de ella:

Sofía, aún en tu ataúd de cristal,
Seguías siendo la más hermosa.
Contigo se ha ido el pasado, el presente y el futuro,
Y la primavera dentro del invierno.

También le cautivaron la lucha de dos indígenas contra un genio maligno, y el relato de cómo un mago llamado Rim pobló las aguas, el cielo y la tierra con lagartos gigantes.Tan embelesado estaba el mercader, cuya infancia se había desvanecido como el salario de un gran moroso, que se levantó de la banca para acercarse más al anciano, quien interrumpió su relato al verle de pie y le observó durante algunos segundos. Pensando que el anciano le reprendía por distraerle, Gabriel se apresuró en elegir una nueva ubicación, y fue a sentarse en primera fila, lugar que de preferencia ocupaban los niños. En los ojos del Viejo Narrador de Historias cruzó un rayo apenas perceptible, y no tardó en retomar el hilo del cuento que refería en ese momento.

Entre los relatos que siguieron hubo uno en especial que atrajo a Gabriel de sobremanera, y no es difícil imaginarse el motivo. En él se mencionaba la existencia de cierto elixir de la vida, compuesto con raíces de Wadetaselure, un arbusto subterráneo. A tal extremo llegaría su interés que le preguntó a viva voz:

- ¿Ese elixir maravilloso me permitiría vivir por largos años?...

En seguida quienes escuchaban alrededor, a excepción de los niños, rieron de buena gana con la interrogante de Gabriel. Si bien disfrutaban del espectáculo, ninguno de ellos creía en brebajes mágicos y encantamientos.

Pero el Viejo Narrador de Historias permaneció muy serio, y le dijo lo siguiente:

- Si bebieras de él, las estrellas que han brillado por una miríada de generaciones sobre
Cam, como los Antiguos llaman a este mundo, se apagarían antes que la tierra cubriera tus huesos.

- ¡No le cuentes patrañas, viejo!- Gritó un comerciante que conocía a Gabriel, y luego
agregó: ¡Quizás esta misma tarde parta a buscar esa porquería!.

Entonces se desató otra gran carcajada, con la misma salvedad anterior pues los niños si podían creer en algo que escapaba a su vista. Percatándose de que había perdido la atención de la gente, y sin deseos de capturarla, el anciano recogió unas monedas que tenía a sus pies, y se fué a paso lento. Por este motivo Gabriel no tardó en darle alcance, y después de inclinar su cabeza le preguntó lo siguiente:

- Venerable anciano...¿Puede decirme dónde se encuentra el elixir de la vida?.

- Un humilde artesano de las palabras y simple testigo de hazañas que han engrandecido a
otros no posee esa información- Contestó el Viejo Narrador de Historias-. Pero conozco a alguien que domina el arte de la magia, y es docto en las ciencias ocultas restantes. No solo pienso que ese ser, que pasa por humano cuando cierra su fétida bocaza, sabe de que civilización proviene el elixir: Le atribuyo la facultad de producirlo...

- ¿Cuánto dinero me cobraría por él?- Preguntó Gabriel con recelo.

- ¿Crees que los misteriosos Magos del Oriente se preocupan de recibir un salario?...- Exclamó el anciano iracundo- Ellos heredaron la sabiduría de los Antiguos Magos, aquellos que luchaban contra las Tinieblas en el Tiempo Inmemorial, y levitaban en (1) Cranato (1 Cranato: Palabra que en la Lengua Primaria (Pre Inmemorial) significa Tangible.) mientras los antepasados del hombre aún no aparecían en los vastos océanos... ¿Crees que las brujas, esas que descienden de los propios humanos, aderezan el mortal contenido de sus calderas con los rostros de reyes y emperadores?... ¿Le sería útil al despiadado Cherufe ser dueño de una fortuna?. Ni siquiera los ogros buscan algún pago en numerario; aunque les agrada el oro por su brillo, acostumbran saquear mercados y alimentarse con quien se pone en su camino. De seguro me dirás que unas cuantas monedas nos permiten comer a muchos, y en ese caso estaría de acuerdo contigo... Pero, ¿Porqué un hombre que yacía en la miseria logra levantarse, y además hace de su vida una experiencia extraordinaria?... Muy sencillo: Más importante que el dinero son la fuerza del temple y los propósitos del alma. No, no, no; es bastante difícil que a ese ser le interesen tus bienes materiales.

- Entonces, venerable anciano, ¿Con qué podría pagarle?- Interrogó el mercader- ...Mi ánima no está disponible.

- ¡Claro que no lo está!- Gritó el viejo- ¡Sería tan justo como cambiar sal por aserrín!... Me parece que confundes a un mago con un demonio. En todo caso aciertas al pensar que ese brebaje te va a costar caro, pues a menos que así lo requieran sus planes él no acostumbra intervenir en el destino de los humanos. Si posees algo valioso para el mago, ten por cierto que obtendrás el elixir de la vida. ¿Cuando deseas hablar con él?...

- Cuanto antes mejor, maestro___ Dijo Gabriel___. En mi reloj se cuentan las horas del sentenciado.

- ¡Eso es hablar en plata!- Manifestó el anciano, coronando sus palabras con un guiño-.

Entonces iré a visitarle de inmediato, aprovechando que para suerte tuya reside justo aquí en El Otoño de Argid. Ha sido un verdadero placer hablar contigo, más aún en esta época en que los gusanos no exploran las manzanas que les cobijan. Haré cuanto me sea posible para que ese viejo roñoso e irritable del mago decida verte. En caso de que acepte, y conociendo su hábito de no darle más vueltas a un asunto, vendrá a la plaza principal del pueblo a eso de la medianoche.
En seguida Gabriel le agradeció su gentileza, estrechándole la mano con efusión. Pero a medida que el viejo se alejaba, una sombra cubría su corazón exultante, y al fin se dijo que la desesperación le hacía aferrarse hasta de la esperanza más descabellada. Muy apesadumbrado, decidió que le contaría lo de su enfermedad a Alicia cuando llegaran a casa. Camino al mercado, donde debía juntarse con ella, compró media docena de alfajores y la misma cantidad de pasteles salpicados de ajonjolí, los dulces favoritos de su esposa.

La Saga completa de "Cuentos de Sueñobscuro" disponible en:


http://www.cristianberrios.tk


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