sábado, 5 de abril de 2008

El insólito funeral del Profesor Víctor Sanfuentes


(CRISTIÁN BERRÍOS, publicado previamente el 12/04/2007 en Blog 1)

Apenas el sacerdote iniciaba un inspirado mensaje que ya había pronunciado el día anterior, el catedrático Éros Osorio se ubicó de pie en la ultima fila del entierro más concurrido que hubo en el Parque de la Memoria esa mañana de nubosidad abrumadora y brisa húmeda.

- ¿Conocía al difunto? – Preguntó un individuo que estaba a la izquierda mientras apretaba los bordes de su abrigo contra el tórax para entibiarse.

- No – Contestó Osorio -. El Profesor Sanfuentes impartía ciencias en la Pontificia Universidad Católica y me corresponde reemplazarle en las aulas. Creí conveniente presentarle mis respetos a la familia.

- Muy gentil de su parte – Dijo el desconocido -. Me llamo Rubén Sanfuentes, hermano de Víctor. Habría preferido seguir trabajando en mi taller antes que congelarme en la despedida de este desgraciado.

Al cabo de unos minutos de lucha interna, el Profesor Osorio no pudo contenerse más y acabó preguntándole:

- ¿Odiaba a su propio hermano?

- ¿Desea que le de una paliza? – Exclamó enfurecido Rubén -. Se nota que usted fue hijo único. Cualquiera que haya tenido un hermano pensó en abrirle la cabeza con un ladrillo en algún momento, pero no significa que lo detestase.

- Disculpe – Se excusó el Profesor Osorio -. Interpreté erróneamente sus palabras.

- Por bastante poco en realidad – Confesó Rubén Sanfuentes -. Envidiaba el reconocimiento que Víctor obtenía de nuestros padres por sus avances en las ciencias. ¡A los 5 años descubrió la cura para el resfrío!... El cretino era un maldito genio. ¿Creería que he recibido galardones internacionales por mis diseños de aeromodelismo?. Nunca copié un modelo de una estúpida guerra. Las fuerzas aéreas de diversas naciones y líneas comerciales adaptan sus aviones basados en mis diseños.

- Entonces también su talento ha sido reconocido.

- No pretenda consolarme – Se quejó Rubén Sanfuentes -, para eso le pago una fortuna a mi siquiatra, una extraordinaria amante. A los 19 años Víctor había recibido varias nominaciones al Premio Nobel y se negó a aceptarlo en cada una de ellas a través de correo certificado porque nunca quiso vestirse de etiqueta.

- Lo sé – Corroboró Éros Osorio -. Su mente trabajaba en una forma extraña y prodigiosa.

- ¿Prodigiosa? – Gimió Rubén Sanfuentes -. A los 8 años inventó un aparato para comunicarse con alienígenas. Una noche, mientras Víctor y nuestros padres dormían, pasé por casualidad junto a la radio mientras estaba encendido...

- ¿Y que ocurrió?

- Recibí al menos 25 señales de civilizaciones desconocidas... Lo supe años más tarde cuando ofrecí una copia de la cinta que grabé a la NASA y me la compraron en 3 millones de dólares.

- ¿Qué hizo con la radio? – Exclamó el Profesor Eros Osorio.

- ¿Bromea? – Río angustiado Rubén Sanfuentes -. La destruí apenas grabé la cinta esa noche... Sentí una profunda ira. Todo lo que mi hermano inventaba era perfecto como si una presencia suprema dirigiera sus pasos susurrándole al oído. Las creaciones de Víctor se convertían en una amenaza para la humanidad.

- No le veo ningún sentido a sus palabras – Opinó el Profesor -. El genio de Víctor Sanfuentes contribuía al desarrollo de nuestra especie... ¿Cómo podría convertirse en un peligro?.

- ¿Qué ocurriría si ningún ser humano falleciera?.

- Habría sobrepoblación y escasez de alimento.

- Exacto. Víctor inventó una maquina que resucitaba a los muertos.

- ¡Imposible! – Gritó el Profesor Osorio ocasionando que una mujer de edad avanzada volteara y le observara con desagrado -. Estoy al tanto de los últimos avances y esa tecnología no existe. Cerebro muerto, cerebro inservible.

- Víctor tiene una maquina de resucitación en el sótano de su casa – Insistió Rubén Sanfuentes -. Poco antes de que muriera trabajaba en su invento para que el occiso continuara su existencia con el alma en el cuerpo mediante una reinserción de energía electromagnética.

- ¡Patrañas novelescas! – Gruñó el Profesor Osorio -. ¿Y la muerte de células, neuronas y la descomposición del tejido cerebral?.

- Había descubierto además una fórmula que revitalizaba células, neuronas, el tejido y eliminaba a los parásitos. Olvídese de la coagulación sanguínea y la petrificación muscular.

- Asombroso – Suspiró Osorio -. Si fuera cierto, asunto que dudo, sería una cruel ironía que el Profesor Sanfuentes haya creado una maquina de resucitación y muriera antes de probarla.

Luego de que observara en su entorno por un instante, Rubén Sanfuentes dijo en voz baja al Profesor Osorio:

- Ese ataúd que bajan a las entrañas de la tierra está tan vacío como el cerebro de un político.

- ¿Víctor Sanfuentes no ha muerto? – Susurró incrédulo el Profesor Osorio.

- Le prometo que si revela este secreto lo perseguiré hasta matarlo – Advirtió Rubén -: Antes de que Víctor expirara de un ataque cardiaco alcanzó a arrastrase hasta el interior de la maquina, la segunda vez falleció tras romperse el cuello pero alcancé a asistirlo y la tercera, que usted conoce, fue cuando aquel camión de una empresa tabaquera lo arrolló...

- ¡3 veces! – Dijo Osorio sacudido hasta la médula -, ya me parecía que la viuda y su pequeña hija lucían demasiado serenas...

- Mi pequeña sobrina es la luz de nuestras vidas – Apuntó Rubén Sanfuentes -, posee un espíritu. Víctor, mi cuñada y yo fallecimos antes de que perfeccionara su invento. FIN.


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