martes, 15 de abril de 2008

La Cofradía del Futuro: Non omnis moriar (3)


(CRISTIÁN BERRÍOS)

“¿Sabías que estoy preparado para atrincherarme en cualquier superficie removible y presentarle batalla a varios combatientes e incluso si poseen un potencial similar al mío”, preguntó Joel a Coyán por mensajería instantánea mientras corrían hacía Avenida República como saetas en medio de alarmas luminosas y sirenas que inundaban el centro de Santiago.

- Conozco las habilidades que ustedes poseen – Rió en voz alta Coyán –, pero en La Resistencia partirás con una labor sencilla… quizás recolectando partes usadas.

- Estúpido bio-androide – Replicó el ciber-soldado en voz alta y agregó sorprendido:- ¿Realmente planeas llevarme al cuartel secreto de La Resistencia e incorporarme como uno más de los suyos?... Hasta hace unos minutos pertenecía a tu bando enemigo.

- ¿Solicitaste trabajo o no? – Contestó Coyán.

- Actúas como un humano – Dedujo Joel - ¿Si me infiltrara entre los tuyos bajo las ordenes de Agustín Chot?... ¿Qué te harían por ayudarme?...

- Destruirme de seguro – Dijo Coyán -, aprenderás con el tiempo que la Cofradía y La Resistencia no son muy disímiles entre sí. Acabo de hacerle estallar la cabeza al Presidente.

Incrédulo Joel se quedó observándole por un instante, pero Coyán trepaba con rapidez sobre un muro entre Avenida República y el primer callejón a la izquierda. El ciber-soldado le siguió en seguida y mientras Coyán desplazaba una parte del tejado de una antigua tienda de clarividencia le advirtió:

- Poseo un dispositivo de rastreo.

- Me extrañaría que no fuera así – Rió Coyán introduciéndose por un pequeño compartimento secreto -, ¡Deslízate ya!... He bloqueado los fotones en nuestro entorno con una imagen tridimensional de esta vivienda. Si tus antiguos colegas ciber-soldados te observan sobre el tejado dirán “¿Ese gato no esta demasiado armado?”.

Joel sonrió con cautela musitando “Idiota”. Aunque las emociones humanas le eran distantes y hasta cierto punto ridículas, apreciaba el humor por su estructura, rapidez y contextualización antojadiza, más aún si provenía de un bio-androide abrumadoramente limitado en archivos y funciones.

El compartimento bajo el tejado era reducido, Coyán tamborileó en el muro lateral izquierdo una combinación de 3000 dígitos en apenas unas centésimas develando que tras él había sensores poderosos, quizás un error en la contraseña habría provocado una respuesta fulminante de armas tan ocultas como el panel de acceso. Del muro de fondo aparecieron 5 cinturones de seguridad adheridos al mismo y 5 pares de azas que sostenían a su usuario por el tórax como una simple protección de montaña rusa. Bajaron al menos 3500 metros a una velocidad desquiciante.

“Deberías verles la cara a los humanos que descienden por aquí” dijo Coyán a Joel a través de un archivo de sonido en su mensajería instantánea.

Coyán atravesó el muro que tenían frente a sí y Joel le siguió admirando la perfección holográfica que había alcanzado La Resistencia, sus primeros trabajos eran tan absurdos que en la Cofradía les llamaban “Anuncios de carretera”, cortinas de fotones elementales que carecían de la capacidad de mimetizarse con un cambio climático brusco. El video más popular de los últimos 47 años correspondía a una base de la Resistencia en la Avenida Vespucio a pasos de Avenida Ramón Freire o Pajaritos que resplandecía como un día de primavera mientras las lluvias alcanzaban los 74 centímetros en las últimas 24 horas.

El momento más desopilante del video para los organismos cibernéticos era cuando un bio-androide arrojaba hacia la calle el cadáver de un hombre que había atravesado un ventanal a causa del viento mientras en las ventanas virtuales se reflejaba el sol y hasta cantaba un pájaro en la cornisa.

Apenas Joel había puesto un pie en la base cuando un escuadrón de combate se abalanzó sobre ellos apuntándoles directo a la cabeza, el ciber-soldado puso las manos en la nuca por instinto mientras Coyán reía y opinaba relajado:

- Son nuevos…

- ¡Coyán 0745638-K! – Exclamó una voz femenina que emergió entre los agentes caminando con la barbilla muy erguida -, recibimos tu advertencia de que vendrías acompañado… ¿Acaso te fabricaron sin cerebro pedazo de porquería?... ¿No entiendes que esto no es un juego?...

- Pero Ángela…

- ¡Comandante AFD – 9457 para usted soldado! – Exclamó la bio-andrioide, que no parecía medir más de 1,60 pero intimidaba por su energía y extrajo un arma de alto poder apuntando entre los ojos de Joel que le miraba a todos los presentes como a insectos con una seguridad pasmosa - ¡Y tú basura!... Dame un buen motivo para mantenerte con vida.

- Eres un bio-androide prototipo experimental – Dijo Joel sin inmutarse - posees armas de alto poder semejantes a un ciber-soldado, fuiste construida por la Cofradía. Hay una frecuencia electromagnética en tu cuerpo semejante a la de los humanos… Posees un alma. El arma que cargas llegó a su limite de vida útil y es tan factible que me vuele la cabeza como que te haga estallar el brazo hasta el hombro.

Tras un instante de sepulcral silencio Ángela Francisca Daniela – 9457 sonrió sin que dejase de apuntarle.

- Nada mal – Opinó y antes de que volteara agregó:- precisamente llevaba esta arma al depósito para que fuera reutilizada. Quizás valga la pena el riesgo. Caminen hasta mi oficina.

Apenas Coyán y Joel iniciaron la marcha y cuando ingresaron a un cubículo de proporciones miserables (Apenas habría caído una cuarta persona o androide), Ángela pulsó un dispositivo de expansión en su escritorio y la habitación se volvió más amplia, cómoda.

Con una fugaz mirada en su entorno, Joel comprendió que ella no dudaría en matarlos al más mínimo movimiento y que Coyán la miraba con una adoración que abochornaba. Entonces lanzó su carta triunfal antes de que AFD determinara si valía la pena mantenerles funcionando.

- Demon-cibers.


La palabra transfiguró imperceptiblemente el rostro de Ángela y ella solo dijo:

- Escucho.


“Hace años Agustín Chot descubrió el potencial energético de los demonios a través de un departamento de investigación paranormal que había creado su antecesor y que él hasta entonces consideraba una fuga innecesaria de recursos…

“ El antiguo Director del Servicio de Inteligencia de la Cofradía estaba obsesionado con aprisionarles en cadáveres de humanos pero el experimento resultó desastroso. Agustín Chot confió en un científico, Mark Imboden, que logró contenerles en una batería de poder inimaginable…

“ En apenas 15 años ya se fabricaban los primeros Demon-cibers y aunque el demonio manejaba su estructura de androide podía limitarse su accionar como un simple juguete. En la actualidad hay numerosos escuadrones de ellos”, narró Joel atento a la expresión de ella.


- Interesante – Opinó la bio-androide con tranquilidad -. Además no dudo que te reservas lo suficiente para que te mantengamos entre nosotros un tiempo. Abusas de tu suerte cerebro de microondas.

- Todo a su tiempo – Replicó Joel.

- Debemos extraerle su dispositivo de rastreo – Interrumpió Coyán ligeramente celoso de la mirada gélida que sostenían la Comandante y el ciber-soldado.

- Manos a la obra – Dijo ella y solicitó a su departamento de tecnología avanzada que prepararan el taller para una cirugía de urgencia, además dijo observando a Coyán– De paso deben curarte esa pierna, has ensuciado el cuartel con sangre desde que llegaste.

- Si los novatos dejaran de apuntarme cuando regreso de cada misión probablemente recordaría mis heridas - Se quejó Coyán mirándose la extremidad cuya sangre empapaba la parte inferior del pantalón.


Tendido sobre una mesa de trabajo tecnológico, Joel contemplaba las miradas ponzoñosas de al menos 300 bio-androides y seres humanos a su alrededor. Lo odiaban. Habrían buscado la más mínima excusa para atacarle aunque les superaba en energía. Mientras 3 científicos, uno de ellos humanos, trabajaban en su tórax, dudaba si había actuado bien. La Cofradía lo habría eliminado porque había cumplido sus años de servicio, pero allí le acabarían en las sombras, sin honor.

Entonces sintió una mano en el hombro. Era Coyán, que le sonreía. Joel supo porque el bio-androide trataba de comportarse como un humano: Ansiaba una esperanza donde la certeza de un androide señalaba al abismo. Algunos gritaron groserías y se burlaron, pero cuando Coyán les observó a los ojos cualquier ruido periférico fue apagandose en el acto.

En eso momento, el científico de apariencia más joven, bio-androide, extraía el dispositivo de rastreo mientras otro mayor, humano, daba una voz de alerta y apuntaba al interior de Joel con un visor móvil. La pantalla gigante del taller reveló una verdad que salvo el ciber- soldado nadie comprendió en el acto: Poseía una batería ciber-demon (Continuará)


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