viernes, 28 de noviembre de 2008

Poetas clones del futuro (4)

Pesadilla de Henry Fuseli
Foto: "Pesadilla" de Henry Fuseli.


POETAS CLONES DEL FUTURO (CAP 4)


Poetas clones del futuro es parte de
Tórax © 2008 Cristián Berríos,
todos los derechos reservados.



Sentado en su cómoda butaca, Garcés Ortega, Gerente de Operaciones en Circo Inquisición, espera el resultado de la invasión al refugio de Renacimiento en las entrañas del Cerro san Cristóbal.

- ¡Señor! – Dijo con voz firme un soldado luego de que ingresara a su oficina -, la destrucción de los clones fue un éxito. Capturamos a uno de ellos para interrogarle como usted deseaba.

- Espléndido – Contestó Garcés Ortega -. Traiga una silla, atenlo a ella y luego déjenme solo con el artista.

- ¡A la orden señor!.

En escasos minutos Nick Parra se encontraba sentado, con ataduras de pies y manos. Garcés Ortega le observaba complacido.

- Siempre adoré “Chistes para desorientar a la poesía” – Confesó el Gerente -. Fue publicado en 1983 ¿Verdad?. Devoro sus Sermones y prédicas, la visión del energúmeno...

- Vaya al grano ratón de acequia. Si quisiera que cualquier mojón de gato me explicara mis obras compraría el diario…

- Nunca me cansaré de ustedes – Comentó Garcés Ortega con una sonrisa condescendiente - ¿Sabía que fue mi idea clonarles?.

- Desgraciado – Masculló Nick Parra -, soberano de las pelotas.

El Gerente caminó a al único ventanal del cuarto que daba a una inmensa bodega.- Si pudiera levantarse de la silla observaría el fruto de nuestro trabajo. Hemos congregado miles de mutantes, víctimas de la destrucción de Santiago. Cada vez que les entregamos una hogaza de pan le repetimos que padecen gracias a los habitantes de provincia como a ellos a su vez les convencimos de que destruyeran la capital. Somos la Cofradía que prevalecido en Chile, siempre estuvimos al mando, fabricamos banderas de diversos colores para dividirles como al ganado.

- ¿Todos los políticos estaban con ustedes? – Preguntó Nick Parra.

- ¿Qué falta hacía?, ¿Recuerda cuando se inauguró un banco de ADN para criminales en Chile?, era nuestra fachada. Invertimos millones en registros de cada habitante, insertamos un chip RFID cada vez que se sometían a procedimientos médicos y les controlamos en base a enfermedades. Quienes iban contra la corriente sufrían percances.

- ¡Bestias!- Suena horrible – Confesó Garcés Ortega -, pero ¿Quién se divierte en el trabajo?. Fui novelista, publiqué en Chile y Argentina, incluso me invitaron una vez al programa “Una nueva deformidad”. ¿Cuánto dinero ganaría a ese paso?, a los escritores nos rinden homenaje cuando estamos listos para el sepulcro. Ni siquiera tenía derecho a enamórame si ganaba una miseria.

- Para amar basta un corazón – Murmuró Nick Parra.

- ¡Ah! – Exclamó molesto Garcés Ortega -, ¡Basta de estupideces!. ¡Amor!, como si existiera… ¿Recuerda como le fue a Chile con sus quimeras?, nosotros provocamos el genocidio y cuando se abrieron los registros electorales teníamos hombres en cada bando, dispuestos a deshacerse de su madre por una buena suma. ¡Simples títeres!... Nada más que eso. ¡Nosotros pagábamos los conciertos de nivel mundial y acallamos de esa forma bandas emergentes con letras rabiosas!... Que cada artista se diera vuelta en su circuito bohemio era un peligro calculado.

- ¿Qué harán conmigo? - ¿No lo intuye señor iluminado por las artes? – Exclamó Garcés Ortega luego de que sacara un revolver de su traje -. Le volaré los sesos hasta que las paredes queden impregnadas con una obra abstracta, triste ironía para ustedes vagos piojosos que sueñan con abrirle la mente al mundo. ¡Lo admiraba!... amaba su talento. Tal vez cuando haya acabado con el último literato de Chile me decida a lanzar un libro.

- Desquiciado hijo de puta, aunque su plan posee bastante lógica en una forma retorcida.

- Gracias.- Antes de acabarme, ¿Puede contarme que pretenden hacer con Chile cuando hayan esclavizado y acabado a todos sus habitantes?

- Por supuesto – Sonrió triunfante Garcés Ortega - ¿Qué más da?, destrozaremos cada hectárea de bosque, dinamitaremos la cordillera, contaminaremos el océano hasta que las ballenas varen en las playas exigiendo que acabemos con su miseria. Luego venderemos el resto a inversionistas y construiremos piezas de ajedrez con los huesos de ustedes, putos.

- Gracias – Replicó Nick Parra-, ahora despierte.

Sudado, confuso, Garcés Ortega abrió los ojos entre sus sabanas de satín. ¿Era sueño?, que mierda importaba, la invasión al cuartel de Renacimiento era un hecho, pronto las cabezas de los poetas clones rodarían a sus pies.Sin embargo estaba acompañado, una sombra temible le observaba desde a los pies de la cama.

- ¿Quién eres? – Musitó el Gerente anonadado - ¿Cómo entraste aquí?, ¿Qué hiciste con mis guardias?...

A la espalda del santo underground aparecieron en penumbras Pablo N, Vicente Dobro, Pablo de Rock, Gabriela M, Jorge Telier, Enrique Link y el auténtico Nick Parra que interrogó al Gerente:

- ¿Tuvo un buen sueño?...

- ¡No se saldrán con la suya!... – Gritó desconsolado Garcés Ortega - Pertenezco a una corporación poderosa…

- Hoy sus hombres estuvieron a punto de acabarnos - Dijo Pablo N -, me recordaron el gobierno de González Videla cuando pasé apuros en 1946...

- Por la Ley de la Defensa de la Democracia - Apuntó Pablo de Rock -, me acuerdo...

En medio de la conversación Garcés Ortega oía desconcertado pregúntandose cual sería su suerte.

- ¿Que van a hacerme? - Dijo de pronto.

- ¡Jamás interrumpa una conversación de poetas! - Replicó Pablo de Rock antes de propinarle un violento puñetazo que le dejó inconsciente.

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