jueves, 11 de diciembre de 2008

Poetas clones del futuro (6)


Photobucket



POETAS CLONES DEL FUTURO (6)


Poetas clones del futuro es parte de
Tórax © 2008 Cristián Berríos,
todos los derechos reservados.


Al cabo de veinte minutos el vehículo aún permanecía frente al mirador. De a poco las ratas que merodeaban en las ruinas de Santiago perdían la timidez y les observaban a lo lejos. Con los poetas clones reunidos a su al rededor , Garcés Ortega, Gerente de Operaciones en Circo Inquisición, tecleaba en el computador portátil apoyado sobre la cajuela con el arma de Pablo de Rock apuntándole a la nuca.

- Imposible… - Murmuró al cabo de unos minutos -. Anularon mi clave. Me temo que deberán acostumbrarse al chip explosivo de su cerebro.

- ¡El único que morirá aquí serás tú! – Exclamó Jorge Telier tomándole de la solapa con una mano -. ¿Has leído a Julio Verne, Panait Istrati y Knut Hamsun?, nada está dicho hasta el último momento.

Enrique Link y Nick Parra manifestaron su desanimo resoplando, paseándose o simplemente tomándose la cabeza. Vicente Dobro encendía otro cigarro antes de arrebatarle la boina a Pablo N y arrojarla a la suciedad. Pero Pablo de Rock y Gabriela M seguían atentos al rostro de Garcés Ortega sin creerle una palabra.

- ¿Tratas de engañarnos? – Replicó De Rock -. ¿Sabías que Jamás entregué mis libros a ninguna editorial?. Desde Sátira en 1918 los edité y distribuí rompiéndome la espalda…

- ¿Y eso que en que se relaciona conmigo?

- La frustración transforma al gatillo en una cuerda de guitarra.

El aspecto decidido en el rostro del poeta hizo que Garcés Ortega exhalara con cautela.

- No me culpes por intentarlo… - Agregó el Gerente de Operaciones completando datos-. Aún así necesitan que elimine el programa desde la Colmena de clones o bastará un cambio de clave para volarlos en pedazos.

- ¿Colmena de clones? – Preguntó Vicente Dobro alzando la vista -. Pensaron en los mejores nombres…

- Es un laboratorio – Apuntó Garcés Ortega -.

- Sube al vehículo y llévanos – Dijo Gabriela M.

- Será un suicidio – Dijo el aludido.

No mentía. La Colmena de clones se construyó sobre la antigua Biblioteca Nacional. La estación del metro adjunta albergaba un río oscuro y putrefacto cuya turbulencia se percibía por el ruido que filtraban pequeñas aberturas en la capa de concreto que le cubría. La entrada estaba fuertemente custodiada por soldados.

- Voy a adelantarme y luego me cubren… - Advirtió Gabriela M bajando del vehículo.

- Pero no es labor para usted… – Dijo Pablo N.

- Neftalí, usted quédese callado no más…

- Si señora… - Masculló el también Premio Nobel.

Gabriela M toma impulso y trepa al frontis del edificio a unos cuatro metros de altura quedando en posición horizontal al suelo. Corre y acribilla a tres guardias antes de dejarse caer con suavidad. El resto de los poetas clones y Garcés Ortega, el único desarmado, le siguen de cerca atrincherándose entre los escombros de la biblioteca arrumbados a un costado del moderno, platinado y liso edificio.

- Mentes brillantes en cuerpos invencibles – Murmuró Garcés Ortega orgulloso mientras los clones esquivaban los ataques y producían notorias bajas entre sus numerosos adversarios.

- Mi madre decía que debía convertirme en rey – Comentó Vicente Dobro a su lado mientras tomaba un respiro -. Si querías perfección no debías levantarnos de las cenizas, bastaba que leyeras Horizon carré…

Una ráfaga había alcanzado el antebrazo izquierdo del poeta y observaba la carne destrozada con desanimo. Sin embargo las heridas tendían a una cicatrización vertiginosa y en menos de cuatro minutos aún sangraba pero había recuperado el control de la extremidad. Entonces se unió al resto y pronto lograron abrirse paso hacia el interior.

Adentro la situación fue tan o más complicada. Después de que abatieran al vigésimo primer guardia sufriendo apenas heridas menores en piernas y brazos, Garcés Ortega les indicó que bajaran por el ascensor al 6 subterráneo donde les esperaba otro contingente.

Apenas las puertas cedieron una avalancha de metralla se precipitó sobre ellos pero las balas permanecían inmóviles en una nebulosa traslúcida.

- Justo a tiempo – Comentó Pablo de Rock.
El espectro que horrorizaba a Garcés Ortega apareció con sus velos negros e impacto nauseabundo entre poetas clones y guardias. Entonces emitió una onda expansiva que envolvía a sus adversarios como espuma y les dejaba ingrávidos en el pasillo principal como marionetas con hilos invisibles.

- Très bien – Exclamó satisfecho Vicente Dobro.

El Santo underground repetía la dosis con quienes salían al paso. Nick Parra contó, al vuelo, a más de cien personas, Enrique Link suponía que eran más de 200 y Garcés Ortega, que trabajaba en la Colmena de Clones supo con certeza que al menos había anulado la acción de 412 soldados con solo contemplarles.

- Sigan alentando a este monstruo – Dijo el Gerente de Operaciones con encono -, me reiré cuando les arrastre al infierno.

El sexto piso desembocaba en una galería interior de proporciones asombrosas. Como estalactitas pendían del cielo miles de agujas verdes que resguardaban embriones. Donde se posara la mirada surgían estanques en las paredes que incubaban cuerpos más desarrollados y finalmente, al fondo del salón, otras cámaras con seres inactivos, casi culminados, que permanecían en inercia privados del soplo vital.

- ¡Debería matarte ahora mismo! – Exclamó Gabriela M apuntando su arma al cuello de Garcés Ortega.

- Aún no – Contestó el Santo underground con una legión de voces resonando como una sola e indicó a Garcés Ortega -. Desactiva el código de sus chips, en seguida destruiré la Colmena. Los demás entren en mi vientre.

Luego de que corriera parte de los harapos que le cubrían y despidiera un olor aún más putrefacto, si acaso era posible, su cuerpo asomaba como un portal tenebroso hacia las tinieblas.

- Pablo entra primero y luego manda una carta desde ahí – Dijo Dobro a N.

- Tu primero Vicente – Repuso el Premio Nobel -, me parece una puerta al Creacionismo o a la Antipoesía...

- ¿No escribiste las Odas Elementales? – Preguntó Nick Parra -, vuelve entonces al origen y manda fruta. Me reiré mientras el cielo cae en hojas de Parra.

- ¡Hombres! – Masculló Gabriela M abriéndose paso -, iré primera.

La poeta ingresa al vientre del Santo underground y desparece sin rastro. Luego sigue Jorge Telier, Enrique Link…

Finalmente restaban Nick Parra, Pablo N, Pablo de Rock y Vicente Dobro. Ninguno decidía moverse como si, curiosamente, el primero en alejarse de la Colmena fuera el más cobarde. Garcés Ortega tecleaba en la computadora central del laboratorio y, cuando el sistema preguntaba mediante un aviso escrito si estaba seguro, presionó “aceptar”. “Programa eliminado” dijo al fin una voz electrónica.

- El que haga el mejor poema con el estilo del otro gana y se va último – Propuso Vicente Dobro.

- Bien – Dijo Pablo N -, aquí va el tuyo: “Un chocolate gigante se transformó en pájaro y se fugó con mi abuela para llevarla al monte de la lascivia”.

- Que bajo de tu parte – Rezongó Dobro y tuvo que rendirse ante la aceptación del resto.

- “Oda a la mosca / Tiene patas / Vuela / Se posa / En la mierda / helicóptero de mi vida / Sonrisas / Manos” – Masculló De Rock -, bien tocayo, váyase…

- ¡Esto se sabrá desde la Antártica a Gibraltar! – Rugió Pablo N.

- “N es como el culo, me plagia y gana plata por sacos” – Rió Nick Parra -, fuera De Rock.

- Payaso – Se quejó el aludido.

Entonces solo quedó Nick Parra, el Santo underground y Garcés Ortega en esa galería de la Colmena de Clones mientras el espectro provocaba fallas múltiples en el sistema y caían los recipientes de embriones como gigantescas dagas desde el techo.

- Reí como un niño mientras molinos danzaban en mi corazón – Dijo el Gerente de Operaciones de Circo Inquisición.

- Reprobado… - Dudó estupefacto Nick Parra -, puede atribuirse a Rimbaud con suerte, posee la reiteración de dos “m” en palabras seguidas y…

- Váyase – Ordenó Garcés Ortega-. Los lectores debemos guiarnos por nuestro propio camino y atiborrarnos de experiencias en ese mundo que carecen los grandes escritores, tan asiduos a encerrarse. Deme la satisfacción de un triunfo al menos y si bien nunca pagaré el daño realizado me despediré con honor...

- Perdiste esa posibilidad hace mucho – Comentó Nick Parra y antes de introducirse en el vientre del Santo underground como si se borrara dijo:- Sin ánimo de ofenderte, eres un perfecto y maravilloso hijo de puta.

Ni un ápice de la explosión que remeció Santiago por segunda vez pudo oírse en el sitio que el santo underground había elegido para resguardarles.

No hay comentarios.: