domingo, 14 de diciembre de 2008

Poetas clones del futuro (7)


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POETAS CLONES DEL FUTURO (7)


Poetas clones del futuro es parte de
Tórax © 2008 Cristián Berríos,
todos los derechos reservados.


Luego de trasladarse desde la Colmena a las tinieblas finalmente cada uno de los poetas clones abría los ojos en una realidad distinta.

Nick Parra caminaba sobre la superficie del océano con el oscuro cielo encimándole los astros, atentos como jueces. Dos siluetas se le acercaban y detuvieron la marcha a escasos metros del poeta. Eran sólidos y de materia cristalina con forma de 1 y 2.

- Bienvenido amigo de las letras – Dijo el Uno -. Este es el infierno para ustedes.

- No hablaré con semejantes hijos de puta – Contestó Nick Parra recogiendo el guante -. Exijo una reunión con su superior, el Tres.

- ¿Sabías que un Once es un Uno que se mira al espejo? – Contestó el primero de los números con saldo positivo -. Además adopte una actitud más humilde, aquí con mi hermano formamos el Doce y si nos da la gana el Veintiuno.

- Agradece que no vino el Cero – Acotó el Dos -, puta que es amargado, siempre trata de convencernos para que le ayudemos a convertirse en Cien o Doscientos.

Por su parte Gabriela M recorría las salas de un colegio rural, vacío. A veces escuchaba las voces de los niños y ruidos de jugarretas, un reloj marcaba las seis en punto aunque estimó que había transcurrido al menos 3 horas desde su arribo.

Enrique Link bebía café en una librería repleta de maniquíes desnudos y Jorge Telier intentaba escaparse de un pozo que no era otra cosa que el bolsillo de Pablo N.

En un lugar más remoto, distinto como una página y otra. Vicente Dobro caminaba en su paraíso Creacionista, el jardín con un sol verde que usaba monóculo y arboles anaranjados que jugaban al naipe en el bosque. Eructaban como cretinos.

- ¡Basta de pisarme! – Exclamó la tierra.

- Espera un momento hasta que pueda convertirme en pájaro.

- ¿Qué es un pájaro?

- Un ángel que se alimenta de gusanos, mezcla de humanos con aviones de papel.

- ¡Que loco! – Replicó la tierra - ¿De cuál fumaste?...

Dobro dejaba de prestarle atención. Observó el lujurioso divertimento de sombras que retozaban con ninfas en un bosque de algodón.

- Cada hombre construye su paraíso e infierno – Dijo al fin.

Pablo de Rock deambulaba en un laberinto subterráneo. Las débiles antorchas que encontró a su paso se espaciaban cada vez más. Oía el susurro de cazadores y dudaba hacía donde debía escaparse, pero en su cinto ostentaba una espada y blandiéndola dijo:

- He aquí el arma de un poeta, fácilmente podría transformarla en un lápiz.

Sentado en un trono de piedra, Pablo N observaba una Isla Negra marmolina con un océano plateado. Emergieron de las aguas Charles Baudelaire y Arthur Rimbaud con rostros adustos, más atrás les seguía Edgar Allan Poe.

- ¿Hablará francés? - Preguntó Rimbaud a Baudelaire -, te dije que debíamos aparecernos ante el muchacho de Altazor.

- La poesía trasciende las fronteras – Opinó Baudelaire -, como una cortesana con basta clientela.

Cerca del trono de N, Rimbaud bajó ligeramente sus pantalones y mientras meaba una cascada de oro dio un vistazo al poeta chileno y dijo distendido:

- ¿Por qué leíste la carta de mi hermana?, era un asunto personal…

- Fue un maravilloso obsequio.

- Comprendo – Comentó el poeta francés -. ¿Qué te parece mi versión de Isla Negra?.

- Horrible – Musitó Pablo N sin que escapara de su asombro -, ¿Dónde están las amapolas y la danza de las flores?, extraño las campanas y el esmalte zafiro del océano.

- Habitarán en tu interior – Opinó Charles Baudelaire -.

- ¿Porque vinieron a visitarme?...

- Aunque nuestra prosa difiera – Dijo Baudelaire -, cada palabra que se entrega de buena voluntad es un triunfo sobre la ignorancia. Recuerdo el escándalo que hicieron por Les Fleurs du mal en 1857 y preguntó: ¿Ha cometido la humanidad crímenes peores desde entonces?...

- No fui ningún santo – Acotó Rimbaud mordiendo una semilla de girasol que extrajo del bolsillo de su esmirriado traje -, pero existe la posibilidad de al final del infierno, más allá del encono, ambición y ciega necesidad de sobrevivencia, exista una posibilidad para quienes estigmatizamos como débiles.

- Nunca pensé que en tu rebeldía pensabas de esa forma – Comentó N.

- El infinito contempla todos los pensamientos – Explicó Rimbaud.

Jorge Telier se transformaba en un gigante y atisbó, como en un sueño del futuro, mientras llenaba los pulmones de una bocanada, que las naciones continuaron desangrándose mediante tratados e injusticias veladas.

Entonces los poetas clones, desde los parajes diversos que proyectaban sus almas, recordaron que aún habitaban en el vientre del santo underground.

Cada uno transformó su presidio en una quimera. Gabriela M hacía clases en un salón repleto de niños, porque la fatiga de un profesor de provincia se vuelve satisfacción en la borrachera de las décadas; Vicente tomó el control del edén creacionista; Pablo de Rock emergía a la superficie; Nick Parra enseñaba a los números la importancia de las palabras; Pablo N compartía afablemente con los poetas malditos que admiraba desde niño, Jorge Telier fue un juez sabio entre los pueblos que desconocían su nombre y Enrique Link destrozó los maniquíes hasta extraerles los humanos que aprisionaban en su interior.

Segundos después abrían los ojos en una sala del refugio en el Cerro San Cristóbal. En sus vidas pasadas nunca desearon el derramamiento de sangre, pero quienes les habían devuelto la juventud y dotado de capacidades extraordinarias para exprimirles sus talentos como fenómenos pagarían con sus cabezas.

Tras doscientos años de mentiras encubiertas y vastas generaciones de personas condenadas a derrumbarse había llegado el momento de la independencia de Chile.

No era un asunto de clases sociales, de manipulaciones academicistas o negocios turbios, por primera vez los apellidos ilustres y los comunes pactarían sus esfuerzos. Solo las almas oscuras pavimentan su futuro sobre el sufrimiento ajeno y recién principios de la segunda década del siglo veintiuno la Cofradía había revelado su rostro.

La batalla entre Renacimiento y Circo Inquisición no contemplaría la derrota para ninguno de los bandos.