jueves, 8 de enero de 2009

Breve sinfonía (Capítulo 2)

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BREVE SINFONÍA DE UN CRIMEN SIN REMORDIMIENTOS


Pertenece a TORÁX, Copyright © 2008 Cristián Berríos, todos los derechos reservados.


CAPÍTULO 2: LA BIENVENIDA


Sumido en una horrible pesadilla de sangre y gritos, Diego se sentía ahogado. Cuando abrió los ojos supo con desesperación que trataban de asesinarle.
Presionada con fuerza implacable una almohada le cubría la cabeza. Gemía y la vida se le escapaba sin una mísera oportunidad de defenderse.

Poco antes de que la luz del cuarto se encendiera, hubo un golpe poderoso entre las sombras y luego un grito enérgico de alerta. Recostado a la fuerza por las ataduras, Diego observó que le había salvado la vida otro paciente del Hospital:

- Soy Martín Vidal.

Martín Vidal había sido implicado en 2 oportunidades en crímenes de los cuales finalmente había sido absuelto. Fanático del fútbol, su equipo había sido despojado groseramente de un clásico en 1994 por un árbitro incompetente: Carlos Robledo. Años después Vidal lo esperó fuera de su departamento para atropellarle con su auto.

Cuando le llevaron a juicio, la defensa argumentó que había un gato de peluche sobre la calle. En efecto, una niña había perdido el falso felino dejándole caer sobre el asfalto. Supuestamente Vidal había esquivado el peluche al confundirle con un gato real y atropellado a Robledo por accidente.

Su 2° asesinato fue más polémico. Había disparado a un Editor al enterarse por una carta de rechazo que desestimaba la publicación de su novela
después de que el Comité Editorial la calificara como “prodigiosa”. Vidal se presentó en la oficina de la víctima y sin que mediara palabra le disparó 2 veces.

Esta vez la defensa poseía un recurso más discutible. Minutos antes de que fuera asesinado, el Editor había ahorcado a su esposa por un arranque de celos en el baño de la oficina.

Al darse cuenta de la situación, gracias a que la puerta del sanitario estaba entreabierta, Vidal habría caído en pánico disparando 2 veces en defensa de la mujer abatida y propia. Tal interpretación redujo los cargos a porte ilegal de arma registrada, y una evaluación siquiátrica que dada la naturaleza del paciente se hacía compleja y dilatada.

- Este hombre está muerto- Sentenció la Dra. Menares examinando al atacante de Diego que yacía en el suelo junto a la cama. El Dr. Benavente y Martín Vidal observaban junto a ella.

- El Carabinero que custodia al paciente se halla profundamente dormido- Informó un enfermero desde la puerta.

- De seguro lo drogaron- Comentó el Dr. Benavente-. Hay muchas personas que desean la muerte del señor Acosta, y su permanencia aquí nos pone en peligro a todos. Enfermero, conduzca al paciente Vidal a su cuarto, dele un sedante y luego llame a Carabineros.

Mientras el enfermero lo conducía del brazo, Vidal se dio vuelta y dijo a Diego Acosta:

- Los monstruos nos ayudamos entre nosotros.

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