viernes, 9 de enero de 2009

Breve sinfonía (Capítulo 5)

Breve sinfonía



BREVE SINFONÍA DE UN CRIMEN SIN REMORDIMIENTOS


Pertenece a TORÁX, Copyright © 2008 Cristián Berríos, todos los derechos reservados.



CAPÍTULO 5: BLANCA


La Dra. Rebeca Menares planeaba que Diego recordara paulatinamente episodios de su vida hasta que llegaran al momento del crimen. Esa mañana la psiquiatra se hallaba sentada tras su escritorio hojeando una carpeta.

- Señor Acosta- Dijo Rebeca- ¿Recuerda a Blanca?.

Tranquilo e imperturbable, Acosta observaba silenciosamente a la Dra. Menares. Cuando extrajo una fotografía de su expediente y la sostuvo unos segundos a la vista de Diego, el paciente inhaló una bocanada de aire y luego lo exhaló con un halo de tristeza. Esa mujer estaba vinculada a su alma.

Otra vez el pasado se transformaba en una fuerza incontenible y fluían instantes y sentimientos de las tinieblas del olvido. La había conocido en el taller mecánico donde trabajaba desde hacía años.

- ¿Cuándo estará listo mi auto?- Preguntó Blanca una mañana a las 9:12.

- Apenas cambie las refacciones que...

- Tu jefe me dijo que lo viniera a buscar hoy...- Interrumpió molesta- ¿Está en su oficina?, voy a quejarme.

- El jefe se halla en un funeral, el mecánico que trabajaba en su auto perdió a un familiar y le acompaña en estos momentos difíciles.

- Lo siento- Se excusó Blanca-, es que estaba apurada.... Voy a tomarme un café y regreso en un par de horas.

Cuando se alejaba, Diego le dijo:

- Si me espera 15 minutos, el auto estará listo y aceptaría tomarme ese café con usted.

- No invitaría a un perfecto extraño- Replicó Blanca molesta.

- Se equivoca- Corrigió Diego Acosta-. Nunca he sido perfecto y me conoce desde hace exactamente 22 minutos.

- ¿Porqué llevabas la cuenta del tiempo?.

Observándola sumamente serio, Diego contestó en un tono claro y seguro:

- Porque han sido los mejores 22 minutos de mi vida.

Cuando estaban sentados junto a un enorme ventanal mirando a los transeúntes, Blanca le reprendió:

- Detesto los silencios incómodos.

- ¿A que se dedica?- Preguntó Diego.

- Soy arquitecta con un Master en Barcelona.

- Que impresionante- Murmuró Diego.

- Hasta ahora ninguno de mis proyectos ha sido terminado- Contestó Blanca-. Mi sueño sería diseñarles un puente a los habitantes de Chiloé, son personas maravillosas.

- ¿Puedo contarle un chiste?.

- ¿Un chiste?...¿Porqué?.

- Porque si no la hago reír jamás tendré una oportunidad de conquistarla.

- La verdad debería irme...Es tarde.

- Un cazador llega a su casa con una escopeta incrustada en el recto...

- Veo que su chiste es muy fino...

- La esposa le pregunta alarmada: “¿Qué te pasó?”. El cazador le contesta: “Estaba cazando tórtolas como todos los sábados cuando apareció uno de esos reptiles voladores de la prehistoria...”

- Un Pterosaurio- Apuntó Blanca-, conocido popularmente como pterodáctilo.

- Bueno. El cazador dice: “Estaba disparándole a las tórtolas cuando apareció un pterodáctilo y me dijo que dejara en paz a las aves porque le simpatizaban. Si se enteraba que había desobedecido la pagaría caro, porque era conocido por su pésimo carácter y no soportaba estupideces”. La esposa lo reta enfurecida: “Mentiroso, de seguro estabas borracho. Los pterodáctilos se extinguieron hace millones de años...”

- 65 millones de años- Puntualizó Blanca-, con el fin del periodo Mezosoico...

- Está bien. La esposa lo reta enfurecida: “Mentiroso, de seguro estabas borracho, los pterodáctilos se extinguieron hace 65 millones de años con el fin del periodo Mezosoico...”. Entonces el cazador le contesta dándose vuelta: “Eso fue lo que le dije y se lo tomó de la peor manera”.

- Es un buen chiste - Opinó Blanca sonriendo-, incentiva la convivencia entre las especies. Me has sorprendido, a simple vista pareces malhumorado como el pterodáctilo.

- Pierdo la paciencia con facilidad ante las injusticias - Confesó Diego-, pero desde hace 1 hora y 34 minutos cambiaría del infierno al cielo sin dudarlo.

Cuando una grave enfermedad la arrebató de sus manos en el mundo de Diego Acosta fueron apagándose innumerables pabellones hasta que colores, esencias y alegrías se volvieron mustias. En la consulta de la Dra. Menares, los ojos de Diego reflejaron un dolor sepultado en la inconsciencia de la breve sinfonía de un crimen sin remordimientos.

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