lunes, 12 de enero de 2009

Breve sinfonía (Capítulo 8)

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BREVE SINFONÍA DE UN CRIMEN SIN REMORDIMIENTOS


Pertenece a TORÁX, Copyright © 2008 Cristián Berríos, todos los derechos reservados.


CAPÍTULO 8: ISABEL EN EL JARDÍN


En uno de tantos sueños intensos que envolvían memorias y vivencias recientes en el siquiátrico, Diego Acosta se levantaba de la cama y recorría los pasillos sin que asomara un alma. Sentada en una banca del jardín le esperaba Isabel.

- ¿Te ha pasado que en un resfrío pierdes el olfato y el gusto? - Preguntó ella.

- Sí - Contestó Diego.

- Así es la muerte – Explicó la niña -. Ayer en el Hospital había budín de chocolate y traté de probarlo. Solo sentía que masticaba el aire... Habría estallado de rabia, pero me di cuenta que ni siquiera respiraba. Sería feliz si cayera una lagrima al suelo que otros tomaran con la yema de los dedos y dijeran: "Aquí pasó una niña que no pudo comerse nuestros postres".

- ¿Porqué me sigues?, ¿Te hice daño?...

- ¿Aún no recuerdas nada? - Exclamó Isabel- . Si te contara la verdad despertarías sin que recordaras una palabra. Quizás la impresión te mataría mientras duermes y ya seríamos dos sin postre. He estado rodeada de ángeles, son hermosos como la música, y el Dios que he conocido es más amable que los grandes hombres y sus naciones poderosas. Si vengo a pasearme entre las sombras es porque hay un asunto pendiente. ¡Descúbrelo antes que sea tarde!.

- Por favor- Rogó Acosta-. No soporto más.

Como le apremiaba enterarse de la verdad, descubrió con desanimo que Isabel había desaparecido sin que quedara rastro. Observó que una comitiva salía del Hospital aproximándose a toda marcha. Raquel San Sebastián, el desconocido que había intentado asesinarle, el Dr. Benavente, Martín Vidal, Ricardo Arboleda, Valentín del Puente, el Cabo de custodia y la Dr. Rebeca se aproximaban con rostros severos.

- ¡Vas a pagar! – Exclamó Raquel -. ¡Vas a pagar por tu crimen!...¡Asesino!...

Entonces despertaba confuso y exaltado. Percibía en un confín de su alma que mientras más próxima asomaba la conciencia más complejo era mantenerse en la cuerda floja que los cuerdos denominaban razón.

2 comentarios:

Fátima Pacheco dijo...

querido amigo - Cómo me gusta tu trabajo.
Te mando un gran abrazo desde Brasil.

Thanya dijo...

Este me gusta bastante. De los dos escritos anteriores debo resaltar la capacidad del autor para mantener el ritmo que la historia misma reclama. La atmósfera es delirante (tiene que ver con el ritmo de la narración) y uno se queda con ganas de saber más. Y es que, a mi modo de ver, ese manicomio da para mucho... mucho más. Se nota que disfruta su trabajo. Un saludo desde colombia.