lunes, 12 de enero de 2009

Breve sinfonía (Capítulo 9)

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BREVE SINFONÍA DE UN CRIMEN SIN REMORDIMIENTOS


Pertenece a TORÁX, Copyright © 2008 Cristián Berríos, todos los derechos reservados.


CAPÍTULO 9: EL INFILTRADO


Mientras el Cabo de custodia leía el diario, Del Puente jugaba ajedrez con el “Paciente” bajo la atenta mirada de Vidal y Arboleda, y los demás internos circulaban o veían televisión, Diego Acosta miraba por la ventana como sí el hormigueo cotidiano de funcionarios y residentes en el patio se tratara de un descubrimiento apasionante.

Uno de los auxiliares de aseo se acercó sigiloso y le dijo en un tono apenas audible:

- ¿Sigues haciéndote el loco, retrasado de mierda? . Vamos a reventarte, ¿Me oíste?. Falta muy poco para que tengas tu merecido.

Luego de palmotearle la cara con brusquedad, el funcionario agregó: “¿Ni siquiera puedes defenderte, maricón?. Date por muerto”. De inmediato y como una fuerza desatada de la naturaleza Acosta reaccionó enfurecido y tomándole de la solapa le estrelló contra un muro.

- ¡Cabo! – Gritó desesperado el Auxiliar-... ¡Enfermeros! ... ¡Guardias! ...
2 enfermeros acudieron presurosos en tanto el Cabo observaba sin inmutarse. Los demás pacientes se alteraron y hubo conmoción. Martín Vidal y Valentín del Puente arremetieron contra los enfermeros y Arboleda levantó de la solapa al Auxiliar como a un muñeco de trapo. Rebeca y el Dr. Benavente se presentaron alertados por gritos y forcejeos.

- ¡A ver! – Exclamó con autoridad Rebeca - ¿Qué pasó aquí?...

- Ese loco – Dijo el Auxiliar apuntando a Diego-, Acosta. Le ofrecí un poco de agua y se trastornó. Quería matarme.

- Debimos aislarlo desde un principio – Rezongó el Dr. Benavente - Es un peligro mortal.

- Ellos empezaron señora Rebeca – Intervino Martín Vidal -. Los Cadáveres Siniestros solo respondimos a una provocación burda y uso innecesario de la violencia. Somos seres humanos Dra., aunque transgredan nuestros derechos y limiten la libertad de expresión. ¿Acaso si nos hieren no sangramos?...¿No hay sueños en nuestras almas?...

- Señor Vidal, conozco de memoria sus discursos robados de Gandhi y Martin Luther King así que ahórrese el circo. Este es un asunto grave, Cabo ¿Podría decirnos que ocurrió?.

- Hubo un altercado entre el señor Acosta y el Auxiliar de aseo – Explicó el uniformado -, luego los enfermeros trataron de controlar la situación y otros pacientes reaccionaron.

- Con todo respeto Cabo – Interpeló el Dr. Benavente -, ¿Porqué se quedó mirando?, debió encargarse del delincuente Acosta de inmediato.

- Los problemas internos corresponden al Hospital – Replicó el uniformado -, solamente habría intervenido si pelearan con armas o pusieran en peligro su integridad. Además, aunque no logré oír del todo la conversación, el señor Acosta fue provocado.

- Usted es nuevo acá – Dijo Rebeca al Auxiliar -, ¿Hace cuanto tiempo que se integró al Hospital?.

- Una semana... – Contestó el aludido.

- Personalmente aprobé su contratación – Apuntó el Dr. Benavente -, y me consta que sus antecedentes e historial académico son impecables.

- Le ruego que se límite a sus responsabilidades y deje la atención de los pacientes a funcionarios especializados – Solicitó Rebeca al Auxiliar -. Señor Vidal, si usted o uno de sus amigos vuelven a alterarse por un incidente menor les aislaré como corresponde.

- Sus palabras bella señora son mandamientos para estos creyentes – Contestó Vidal.

Vidal, Arboleda y Del Puente se llevaron a Acosta abrazado y el Cabo les siguió, los enfermeros se retiraron y cuando los demás pacientes se habían tranquilizado, el Dr. Benavente le dijo a Rebeca muy molesto antes de marcharse:

- ¿Los dejó ir sin darles un Clonazepam?...Dra. admiro su trabajo, y probablemente sea una de las mejores siquiátras que he conocido, pero si sigue amparando a estos delincuentes tarde o temprano lamentaremos una situación más grave. Cuando me retire quiero que usted dirija este Hospital, pero si me preguntaran ahora tendría que informarle a las autoridades del Ministerio que su labor es insatisfactoria.

Sin embargo, para Martín Vidal aún había cabos sueltos y junto a Del Puente arrastraron al Auxiliar hasta el baño. Luego de meterlo en un privado, Martín lo apretó contra una pared mientras Del Puente vigilaba la puerta.

- ¡Veamos ese registro de Tenor! – Exclamó Vidal cubriéndole la boca al funcionario mientras el afectado gruñía - ¿Quien te mandó para acá?...

- ¡Locos de mierda! – Exclamó el Auxiliar apenas Martín permitió que hablara - ... ¡Por esto les encerrarán de por vida!...

- Es curioso que empezaras a trabajar poco después de que Acosta fuera internado... – Dedujo Vidal y agregó palpándole la mano derecha -. Tengo amigos guardias, enfermeros, auxiliares... ¿Y adivina qué?... Ninguno se cuida las manos con una manicurista. Hay un callo casi imperceptible bajo la piel de tu dedo índice, como si vivieras jalando el gatillo.

- Antes de que le cortemos el cuello y destrocemos el cadáver – Intervino Del Puente -, cuéntame como supiste lo de las manos... Hasta hoy ni sabíamos que existía este hijo de puta.

- Tuve suerte – Confesó Vidal -, solo me di cuenta que trapeaba el piso como el culo. Nadie que trapee el piso sin que enjuague más de 2 veces en un pasillo extenso es un verdadero aseador. Lo mandaron para que matara a Acosta o colaborara desde adentro.

- Hay que rellenarle el culo con explosivos y volarlo hasta Saturno - Propuso Del Puente - . Necesito que los alienígenas usen sus influencias para que me otorguen el Premio Nobel. ¡Por fin mi padre se sentirá orgulloso!...

- ¿Tu mamá no había asesinado a tu padre por darle golpizas?... – Interrogó Vidal a su amigo mientras aún presionaba la boca del Auxiliar.

- Eso explica que jamás se celebrara el Día del Padre en mi casa... – Concluyó Del Puente - ¿Que haremos con este impostor?. Puede tratarse de un androide programado para orgasmos múltiples y alta resistencia a la temperatura.

- Cuchara – Solicitó Vidal y Del Puente le extendió una que extrajo de su bolsillo.

- ¿Que van a hacerme, tarados? – Exclamó el Auxiliar -, ¿Sacarme los ojos?... Si tuvieran cerebro usarían un cuchillo...

- Imagina un sitio donde podamos introducirte esta obra de arte... – Replicó Vidal -, pero jamás acertarás. Espero que tu uretra sea ancha. Cuéntale a tus amigos que Diego Acosta será protegido como hueso santo. Le tocan un pelo y el Apocalipsis será una resaca contra la furia que descargaremos sobre ustedes.

Luego de que Vidal le empujara salió del baño junto a Del Puente. Aún sin reponerse, el Auxiliar de aseo respiraba hondo secándose el sudor de la frente con las manos.

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