martes, 17 de febrero de 2009

Sobre James Dean y una dósis de Brando

J



(Cristián Berríos)


James Dean no está ni remotamente a la altura de Brando, o sea, como dice Johnny Depp, Brando es una divinidad de la actuación, eso sí, Dean, si pensaba legarnos un personaje torturado por el entorno tuvo participaciones afortunadas, nunca hizo Greese (Brillantina) u otras alegorías.

Rebelde sin Causa, más que una película de moda para la época, fue una historia donde los jovencitos competían hasta matarse, peleaban con navajas, hubo disparos, sin duda bebedora del camino señalado en The Wild One (1953). Natalie Wood no era un merenguito como en West Side Story sino una chica atraida por el tipo más rudo (Los americanos le dicen "frio", Dean Martin decía que él era tan frio que respiraba pocas veces por minuto).

James Dean padecía fobias y habría podido hacerse la víctima y el querubín en todas las películas como los horrorosos inicios de Brad Pitt (Por último DiCaprio empezó bien, se descarriló y fue rescatado por Scorsese), pero nos dejó personajes destrozados animicamente, molestos, disonantes. Cuando alguien sobreactúa no solo pierde el personaje, se pierde a si mismo, pero si polariza sus emociones y las intercambia en plena crisis como bien destacó François Truffaut ¿Quién podría emular ese trance en un mundo donde nos domesticamos por conveniencia?.


Hacía cortocircuito, mientras Brando ofrecía su arrolladora estampa y externalizaba el conflicto en el momento justo, con maestría, Dean estallaba, usufructuaba de su atractivo, sorprendía.Brando comentaba a sus cercanos que él odiaba la actuación, que se había involucrado en ella por las mujeres, nadie le creía en todo caso, pero llevó un personaje al cine que simplificaba todos los pasos que a otros les significan caídas: La entonación, el desplazamiento, la externalización, el ritmo.

Por otra parte James Dean tuvo un paso breve y, conciente o incoscientemente, autodidacta.

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