viernes, 27 de noviembre de 2009

El infierno de Rick Blaine

Casablanca



Cristián Berríos

Para identificarse con las frases lapidarias de Rick Blaine se requiere al menos unos pasos en la senda del desmoronamiento, la pérdida del amor verdadero y la renuncia a la humanidad. El rictus facial de Humphrey Bogart, aún más idóneo para el papel de Sam Spade en The Maltese Falcon, funciona a la perfección como la impronta de la desesperanza. Aún caminando como un espectro en una ciudad de Marruecos, la vida de Rick ha terminado años antes en una estación de Paris.

Existe el debate de si Casablanca, la célebre película de 1941 dirigida por Michel Curtiz, transcurre en el infierno o el purgatorio. Las referencias al averno son obvias: Hace un calor insoportable, pese a la neutralidad ficticia de Francia esta regido por demonios (Strasser y los soldados nazis), se trata de un lugar de tribulación donde la vida no vale mucho y nadie duerme, como acota el capitán Louis Renault.

La teoría del purgatorio cede ante el hecho evidente de que la mayor parte de los condenados repite las conductas que pudieron sentenciarles: Renault revela su lujuria al chantajear a una joven búlgara por una vía de escape; el Señor Ferrari demuestra su codicia al preguntarle a Rick por la tenencia de los salvoconductos y el propio Blaine pudo confinarse en el infierno a causa del egoísmo: “Soy la única causa que me importa”, espeta ante el rostro acartonado de Víctor Laszlo.
He aquí el redentor, Víctor Laszlo, que ha descendido al infierno para la salvación de miles de inocentes. De paso arrastra a la hermosa Ingrid Bergman, en el rol de Ilsa Lund. Ella lo ha traicionado involuntariamente cuando le daba por muerto en un campo de concentración y luego destroza a Rick al enviarle una nota de despedida cuyas palabras se deshacían bajo la lluvia en una despiadada metáfora de su amor. Posee la culpabilidad e inocencia justa para hacer de su estancia en Casablanca un infierno transitorio, su amor por un hombre de sublime nobleza y el apoyo que le presta a su lucha la enaltece lo suficiente para que aspire a la redención.

Laszlo, admirable por su causa combativa, es un santurrón insoportable. Siendo el signo de la humanidad el afán egoísta y destructivo, no en vano la película se ambienta en la época de esplendor del imperio nazi, causa mayor simpatía quien ha errado el camino y vive torturado por su pasado, que un ser inmaculado sin un ápice de miedo o secuela del dolor. Víctor Intuye el tórrido romance entre su esposa y Blaine pero la exculpa de antemano, ofrece a Rick la posibilidad de escaparse con el amor de su vida sólo para mantenerla a salvo. Su entonación de La Marsellesa, un canto prohibido en ese sitio de pesar, revela su desacato a las normas infernales, que parecen absurdas ante la fortaleza de su espíritu.

Casablanca es la suma de todos los infiernos a los cuales un hombre o una mujer puede descender sin morirse si quiera, merced al alcoholismo de Rick Blaine o a la cómica desvergüenza del carterista que tras robarle a un incauto le advierte: “Este lugar es peligroso y lleno de buitres”. Aún besándola, Rick Blaine comprende que Ilsa Lund está fuera de su plano dimensional. Cada uno posee un destino distinto y la noción del destino le es revelada nuevamente por Laszlo en otra clara alusión al Hades donde las almas pierden la orientación.

Rick recuerda su humanidad pasada, aquella que ha desterrado al prohibirle años antes a Sam que toque “As Time Goes By”, y libera a Ilsa Lund en un sacrificio de amor verdadero. Olvida que fue un hombre mayor con una sola posibilidad de enamorarse y le recuerda, como un alma que reconoce a otra en medio de su condenación, la historia que ambos vivieron con una frase inmortal: “Siempre tendremos Paris”.

Ilsa le había advertido que una mujer le había hecho daño y deseaba vengarse del mundo. Dejarla escapar en el avión, o sobre las alas de un ángel, única forma de librarse del abismo, constituye un hecho reivindicatorio. Ferrari sentenció en un fragmento de la película “Los alemanes prohibieron los milagros”.

Finalmente el capitán Louis Renault menciona a Rick la posibilidad de asilarse en Brazzaville, que pudiera interpretarse como una ilusión (La única forma de sobrevivir a los tormentos del infierno es la demencia) o alivio temporal. Es el comienzo de una hermosa amistad entre ellos, tendrán el infinito ante sus ojos, mientras lejos en lo alto desaparece la única posibilidad que tuvo de ser feliz encarnada en una mujer.

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