jueves, 29 de abril de 2010

Lectura

Los libros por si solos no combaten la ignorancia, se debe realizar el penoso ejercicio de correr sus hojas, que pesan toneladas, y enlazar letras que bailan como hormigas. Cuando un lector se concentra, tal como en la sala de cine cuando ahoga sus gritos y evita pararse en un asiento para orinarlos a todos, el milagro se ha realizado.

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