lunes, 6 de septiembre de 2010

6 de septiembre de 2010

La profanación del cuerpo de un inocente nos daña el alma a todos. Ya sea un niño torturado por la DINA, el bebé que recibió ocho puñaladas de su madre, el que fue golpeado por ambos padres, una mujer quemada en la calle, o un mapuche que muere de hambre, porque lo sentencian a cadena perpetua sin que jamás matara a nadie en un país de poetas, obreros y asesinos.


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