viernes, 12 de agosto de 2011

Musa and company,
cuento de Bárbara Guevara.

Mi nombre es Ariadna. Tengo 18 años. Siempre me han gustado los chicos, de preferencia músicos de renombre o bohemios. Hace un tiempo conocí a una chica; mi vecina. Se llama Beatrice. Es de ascendencia brasilera: sus curvas son deliciosas. Debo admitir que me enloquece. Es la primera mujer -tiene 20 ya- que ha jugado con mis sentimientos. Escribo "jugar" porque ella es bisexual: tiene una relación con Xavier, mi mejor amigo. Amigo con beneficios carnales. Ellos se mantienen unidos gracias a ella. Lo acosa, le excita y lo deja para concentrarse en mí. No mentiré: me encanta que me bese y me manosee, solo que no es suficiente para mí. Xavier está claro, sabe perfectamente que ella juega conmigo y no puede hacer nada al respecto.

Cierto día, en mi apartamento, estábamos Xavier y yo solos. El moría por "portarse mal" conmigo. Tuvimos que atravesar una situación semejante hace un año y fue -en cierta medida- sabroso. Esta vez, después de tantos besos apasionados, mordidas y palabras sucias, no pude hacerlo con él. Apareció en la bruma de mi memoria la imagen de Beatrice y me detuve, mientras él me besaba entre mis senos sin sostén. Por casualidad de la vida suena el teléfono: era ella. Le pedí a Xavier que se detuviera: tomé un respiro y contesté. Ahora que lo pienso hubiese sido mejor que no contestara, ella me enardecía rudamente; haciéndome recordar la intensidad que tuvimos la noche anterior, cuando estábamos en una fiesta. Con sus labios exploró todo mi cuerpo, al menos todo lo visible, y me arrastró hacia un rincón obscuro, la verdad no recuerdo si tuvimos sexo. Desperté en mi casa sola, con las sábanas revueltas y un aroma diferente en mi otra almohada. Al final dice que tiene ganas de verme, que es urgente o algo así. Le digo que está bien, que baje a mi casa, sin problemas porque estoy sola. Xavier no quita su rostro de mis senos, debo de admitir que la idea de tener un menage-a-trois me excitaba y repelía al mismo tiempo, lo cual me ponía en una situación incómoda. Por un lado no sabía cómo reaccionaría Beatrice al vernos a mí a Xavier en esta situación y, por el otro, necesitaba matar mi morbo. Perder lo que hacía con Beatrice, era un riesgo que no iba a tomar. Sonó el timbre, me coloco una remera y atiendo la puerta. Ella me mira raro, debe ser porque tenía el cabello revuelto. ¿Qué hacías? me pregunta. "Jugaba" con Xavier, le respondí. Ella me besa el cuello sin más remordimiento que el mío. Siento su lengua -incluyendo el pirsin- bajar desde la parte de atrás de mi oreja hasta mi clavícula. Xavier, encarpado, aparece y le desabotona el pantalón. La penetra sin más y siento su aliento entre mis labios mientras me besa y gime. Aterrizamos en el sofá. Ella y yo nos turnamos mientras dura la erección de Xavier. Ambas encontramos un ritmo pegajoso que duró un buen rato. Xavier acaba poco semen. Ella, insatisfecha, empieza a masturbarse con mi mano. Acto reflejo: hago lo mismo con la suya. Frotando su clítoris, gimo fuertemente. Me silencia usando su lengua. Llegamos al mismo tiempo, bañadas de sudor, semen y sangre, le beso los senos, el cuello y entre sus piernas. Me di cuenta que tiene un lunar al lado de su ombligo, lo beso también. Xavier vuelve a acabar en mi espalda y éste rueda hasta mis rodillas, Xavier lo restriega y me lleva al baño, en vilo casi. Me penetra salvajemente mientras cae el agua de la ducha, después de 2 orgasmos cortos acabamos y escuchamos a Beatrice hacerlo igual. El agua fría se lleva todos los líquidos segregados: su semen y mis fluidos vaginales. Beatrice se nos une en la ducha, fugaz y relajante.

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