martes, 11 de julio de 2023

📄 Las lecturas sociales de Gran Hermano Chile


Actualizado el 15 de julio de 2023

Mientras se desarrolla el reality show de Chilevisión han ocurrido varios hechos trascendentes para el interés colectivo del país: Los correos desclasificados del Ministerio de Salud durante el gobierno de Piñera, los avances en las investigaciones de los desfalcos a los municipios, el desborde de ríos en diversas regiones, el Caso Convenios y la reciente Acusación Constitucional en contra del ministro de Educación Marco Antonio Ávila, por nombrar algunos.

Sin embargo, una parte del público objetivo de los canales de televisión, en especial los jóvenes, siguen capitulo a capitulo el programa grabado en Argentina ¿Qué hay de malo en eso? Absolutamente nada. Es posible informarse y entretenerse al mismo tiempo, porque las fuentes para acceder a las noticias son variadas. Es más, no todo en la vida es diversión. Se pueden hacer interesantes lecturas del citado programa. 


Hace unas semanas, se instaló el tema del respeto a los adultos mayores y la capacidad para desenvolverse de los mismos en shows de esta naturaleza, cuando el participante Jorge Aldoney cuestionó las capacidades de Mónica Ramos, su compañera en el encierro de 77 años. Tras lo sucedido, el geriatra Juan Carlos Molina declaró a LUN: «No hay solidaridad generacional, cero empatía, es una actitud egoísta y no refleja los valores que queremos rescatar, como el contacto intergeneracional».

La propia señora Mónica expuso otro tema cuando confesó haber sido víctima de violencia intrafamiliar, al recibir maltrato psicológico de su esposo. Después fue Trinidad Cerda la encargada de reflejar otro horror de la sociedad, como es el abuso infantil, con un desgarrador relato: «Cuando yo tenía 8, 9 años, abusaron de mí en un retiro espiritual. Fue un líder. Este abuso hizo que, de alguna manera, mi sexualidad se quebrante. Después de no entenderlo por mucho tiempo, para mí se empezó a normalizar».


Recientemente, Constanza Capelli declaró que se había realizado un aborto: «Esto lo voy a contar porque creo que es un buen mensaje para afuera. Yo estuve embarazada, pero aborté a los tres meses porque teníamos una relación muy tóxica y yo no quería que él (su pareja de ese entonces) fuese el padre de mi hijo». Luego agregó: «Hubiera sido injusto para ese niño nacer en un ambiente de mierda donde dos personas no se soportaban».

Sin duda, una nueva revelación de Trinidad Cerda, «Yo nací con otro género chiquillos», marcó un antes y un después en la historia de la telerrealidad chilena. La participante complementó esta confesión con un breve relato acerca de su experiencia de vida: «He vivido toda mi vida de alguna manera, intentando pasar lo más desapercibida posible para no causar mucho ruido, para no generarme daño, pero es una historia que tengo que contar con orgullo».

Estas confesiones se presentan a través de espacios de confianza generados y dirigidos por la producción, pero las reacciones de la audiencia son espontáneas y verídicas. 

Al margen de las disputas entre los "lulos" y las "víboras", como las seguidoras o seguidores del programa denominan a los bandos dentro de la casa estudio, o las estrategias que se trazan para ganar las preferencias del público, a veces se establecen hitos en esta clase de programas. 

Entre tanto halo conservador que abunda en la pantalla, y la insistencia del mismo medio por imponer estereotipos, se agradecen esas raras oportunidades en que se representa a una parte de la ciudadanía que ha sido postergada. 

Es probable que en los hogares chilenos se han propiciado debates acerca de los temas expuestos. Con mayor certeza, este diálogo se ha producido también entre la juventud que sigue el programa, aprovechando la inmediatez de las redes sociales. Ese es un paso adelante en una época en que abundan las formas de conectarse y, a veces, escasean las intenciones de comunicarse. 

No hay comentarios.: