Cristian Berríos
Tenía sólo 17 años. Nahel M era un joven de ascendencia argelina y trabajaba como repartidor en un local de comida rápida. En su tiempo de esparcimiento, jugaba rugby en el club Pirates of Nanterre.
Precisamente, la tragedia ocurrió en el suburbio parisino de Nanterre. El 27 de junio pasado, Nahel conducía un vehículo de alquiler que acumulaba algunas multas de tránsito. La policía detuvo su vehículo. Aunque parecía un control de rutina, o de rigor si se considera el historial del medio de transporte, un agente le disparó y acabó con la vida del joven, desatando una gran convulsión social en Francia.
Existen imágenes del hecho captadas por un transeúnte que muestran a dos agentes de pie junto al conductor del automóvil, uno de ellos abre fuego contra el joven sin que se aprecie una razón para aquello. Pascal Prache, fiscal de Nanterre, declaró que es probable que el policía actuara ilegalmente al utilizar su arma. La versión del uniformado en un principio fue que el joven se aprestaba para escapar en el vehículo.
A partir de entonces, miles de personas se volcaron a la calles y se ha producido una ola de disturbios. En diversos puntos del país, la policía recibe ataques con objetos contundentes y pirotecnia. Hace unos días, el asesino confesó estar devastado por la situación y solicitó el perdón a la familia de la víctima.



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